Visita a la parroquia de Sta. Francesca Cabrini 4-12-1983

S. Juan Pablo II

Roma, 4 de diciembre de 1983

Setecientos, entre adultos y niños, sentados por el suelo en el interior de la Iglesia. Divididos en grupos de cincuenta, con los niños al centro, cada comunidad con su presbítero cantan acompañados de instrumentos musicales. Esperan el encuentro con el Vicario de Cristo. “Renovación de las promesas bautismales con el Santo Padre” rezaba una gran pancarta levantada en el interior de la Iglesia, poco antes del encuentro de las Comunidades Neocatecumenales con el Santo Padre, para sintetizar el sentido y el significado de este encuentro: luego, en esquema, las etapas del Camino: Kerigma (anuncio), precatecumenado, paso al catecumenado, catecumenado, etc. Esperando al Santo Padre muchos cantos, mucha alegría: ¿la causa?… “nuestra experiencia ha sido una semilla arrojada en una tierra árida que necesitaba agua” -explica uno de ellos-. Es un testimonio -el Neocatecumenal- fundado sobre la experiencia de quien lo anuncia. No obstante esto, aquí no somos un grupo, tratamos de representar la parroquia en camino”. Entra el Papa acogido con una ovación. Pasa por las primeras filas y acaricia a algunos niños que los padres le presentan. Después toma la palabra:

«Os veo gustoso a vosotros, a vuestras familias y a vuestros hijos. Todos nosotros somos hijos de Dios, llegamos a serlo por el Bautismo, Sacramento. Hoy falta el catecumenado institucional antes del grande y, yo diría que, tremendo; no lo parece porque es un Sacramento muy suave que se realiza con agua, con aceite, con el Santo Crisma (esta mañana he bautizado a una niña). Y después, este Sacramento tan suave y que estamos acostumbrados a conferirlo a los recién nacidos, este Sacramento tiene una profundidad tremenda, estupenda, porque nos sumerge en la muerte redentora de Cristo, nos sumerge en esta muerte para hacemos resucitar con Cristo y así participar en su obra. Es el único camino para llegar a ser hijos de Dios, el único camino sacramental para llegar a ser hijos, para participar en la vida que Cristo nos ha traído, manifestándola en su Resurrección. Lo que os digo toca lo más profundo de vuestro movimiento que se llama Neocatecumenal. El catecumenado era una institución muy antigua en la Iglesia. ¡Cuántos catecúmenos han pasado por esta Roma antigua de los Césares, por esta Roma romana, pagana! y ¡Cuántos se han preparado con el Catecumenado al Bautismo ya de mayores! Pero hoy, el Bautismo, el mismo Sacramento se ha convertido en un Sacramento de pequeños, de niños recién nacidos y este Camino Catecumenal viene pospuesto al Bautismo: el catecumenado se convierte así en algo de toda la vida, sí ¡toda la vida somos catecúmenos!

Falta el catecumenado institucional, el de la primera época cristiana, pero así el catecumenado ha llegado a ser una misión de nuestra vida cristiana, de nuestra vida de fe. He aquí vuestro movimiento y desde aquí saludo a su inspirador (¡lo conozco bien!), vuestro movimiento está centrado sobre este proceso de llegar a ser hijos de Dios, de llegar a ser cristianos y ¡esto es muy importante! Muchos piensan: “pero nosotros ya somos cristianos” dicen “somos cristianos”, sin saber esto, porque no basta ser cristiano, hace falta llegar a ser cristiano, llegar a serlo cada día, descubrir cada día qué quiere decir “christianus”, “Cristo adscriptus”. En la ciudad de Antioquía se comenzó por vez primera a llamar “cristianos” a los discípulos de Cristo, los secuaces cristianos. Esto hay que descubrirlo, descubrirlo cada día, descubrirlo cada vez más, porque el misterio del Bautismo es tan profundo, es un misterio divino y al mismo tiempo tan humano -la realidad divina toca el ser humano- el mismo ser humano y éste llega a ser hijo de Dios adoptivo… ¡basta!

Vosotros, concretamente, reflexionáis mucho, meditáis mucho en estas verdades, en estas realidades. Yo tengo que hacer notar aquí en la Parroquia de Santa Francesca Cabrini que vuestro movimiento constituye aquí un fermento, fermento que debe penetrar en la masa y en el mundo de los cristianos en general: no todos conscientes de esto ni todos lo cumplen: sois levadura, debéis fermentar esta comunidad -son cerca de 20.000 personas- fermentarla con una conciencia de la dignidad humana envuelta en la realidad de la filiación divina. Hacéis mucho bien ¡mucho bien! ¡Cantad, cantad! porque el canto demuestra siempre la alegría de este descubrimiento de la realidad divina y humana. El Bautismo trae consigo una alegría grande que se debe expresar con cantos. He constatado durante la visita que la parroquia canta con gran energía ¡con entusiasmo! Hay que cantar.

Se debe cantar porque este canto lleva después un contenido espiritual que es el contenido interior de nuestra alma, más aún no podemos encontrar bastantes medios para expresar esto, este contenido, esta realidad que es fruto de nuestro Bautismo. Queridísimos todos: gracias por vuestra presencia, por vuestra animación en la vida de esta parroquia. Os bendigo de todo corazón, a vuestras familias, a los grupos diversos (porque he oído, que sois diversos grupos: 12 comunidades como los 12 apóstoles). Vuestros presbíteros están entre vosotros; ya he conocido a vuestros itinerantes. Os bendigo de corazón».

El párroco Padre Michel Angelo recuerda a los itinerantes, especialmente a los de Centro América.


«Bendigo a los que han ido a Centro América donde fui hace poco yo también, no tanto como itinerante, sino más bien como “volante”. Así, pues, impartimos la Bendición junto con el Cardenal y los obispos».