Visita Pastoral del Santo Padre Francisco a la parroquia romana de San Pedro Damián, 21-V-2017

Francisco

Encuentro con los niños

Preguntas:

¿Qué podemos hacer los niños para salvar al mundo?

¿Cómo pudo entender su vocación sacerdotal?

¿Qué podemos hacer para seguir mejor a Jesús?

Papa Francisco, quería preguntarte qué deporte hacías cuando tenías mi edad —tengo11 años—. También me gustaría saber si jugabas al fútbol y que hacías en el equipo.

Papa Francisco:
¡Es una buena pregunta! …
Habéis preguntado: «¿Qué podemos hacer para salvar para ayudar «. Habéis dicho «salvar el mundo». ¡Pero el mundo es grande! Un niño — pensad, pensad cuidadosamente antes de responder — un niño, un chico , una niña, una niña, una chica ¿pueden ayudar a salvar el mundo … ¿Pueden o no pueden?

Niños:
No pueden …

Papa Francisco:
¿No pueden hacer nada? … ¿No contáis en absoluto? … ¿Pueden o no pueden?

Niños:
¡Pueden!

Papa Francisco:
¡Bien! Un poco más fuerte, no oigo …

Niños:
[Gritan]!Pueden!

Papa Francisco:
Y me gustaría escucharos, ¿Quién de vosotros es el más bueno o el mejor en responder a esta pregunta?, pensadlo bien: ¿Cómo puedo ayudar a Jesús a salvar al mundo? ¿Cómo puedo ayudar a Jesús salvar al mundo? Levantad la mano, los que quieren responder …Que levante la mano el que quiera responder. [Alguien dice: «Con la oración»] A través de la oración, ¿podemos ayudar a Jesús para salvar al mundo? ¿Podemos o no podemos?

Niños:
¡Podemos!

Papa Francisco:
¿Pero qué sucede? ¿Estáis todos dormidos?

Niños:
¡No!

Papa Francisco:
Ah, es el sol, es el sol … El sol da sueño … Con la oración. Está bien. Otra cosa. Tú …

Niño:
Respetando a las personas.

Papa Francisco:
Respetando a las personas Y las personas ¿deben ser respetadas?

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
Padre, madre, abuelo, abuela ¿ hay que respetarlos?

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
Y la gente que no conozco, que viven en el barrio, ¿hay que respetarlos?

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
Y las personas que viven en la calle, los vagabundos , ¿hay que respetarlos?

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
Sí. Todas, todas las personas deben ser respetadas. ¿Lo decimos juntos?

El Papa y los niños:
¡Todas las personas deben ser respetadas!

Papa Francisco:
Y al que no me quiero, ¿tengo que respetarlo?

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
¿Seguro?

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
Pero ¿no sería mejor darle una bofetada?

Niños:
¡No!

Papa Francisco:
¿En serio?

Niños:
Sí.

Papa Francisco:
Bien: También el que no me quiere debe ser respetado.

El Papa y los niños:
También el que no me quiere debe ser respetado.

Papa Francisco:
Y el que me ha hecho daño una vez, pensadlo bien : ¿qué tengo a hacer? Si una persona me ha hecho daño, ¿le puedo hacer daño?

Niños:
¡No!

Papa Francisco:
No, no está bien. ¿Puedo llamar a la mafia para que hagan algo?

Niños:
No…

Papa Francisco:
No estáis convencido … ¿Se puede hacer esto?

Niños:
¡No!

Papa Francisco:
¿Se pueden hacer arreglos con la mafia?

Niños:
¡No!

Papa Francisco:
¡No! Incluso aquellos [que nos hacen daño] deben ser respetados. Habéis respondido bien. ¿Veis la cantidad de cosas con que podemos ayudar a Jesús a salvar el mundo? Y esto está muy bien, está muy bien. Y si he hecho los deberes y mamá me deja salir a jugar con los amigos o las amigas, jugar un partido, ¿es bonito?

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
Jugar – pensadlo bien — jugar, jugar bien, ¿ayuda a Jesús a salvar el mundo?

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
No estáis convencidos…

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
¡Sí! Porque la alegría ayuda a Jesús a salvar el mundo. Digámoslo todos juntos.

El Papa y los niños:
La alegría ayuda a Jesús a salvar el mundo.

Papa Francisco:
La alegría es algo muy bonito, muy bonito. ¿Vosotros, hoy estáis contentos?

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
¿Sí? ¿Estáis contentos?

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
Y esto es muy bonito.
Y creo que con esto he respondido, a»¿qué podemos hacer para ayudar a Jesús a salvar el mundo?.» Y vosotros, pensadlo, más tarde, siempre.

Después, cuando yo tenía tu edad jugaba al fútbol. Sabes, no se me daba bien, ​​y en mi tierra a los que no se nos da bien el fútbol nos llaman «pata dura» . ¿Entendido? Yo era un pata dura, y por lo general era portero, para no moverme: era mi papel … No es una palabrota, se puede decir pata dura, no es una palabrota.

Y otra pregunta era: ¿Cómo entendí la vocación? Cada uno de nosotros tiene un lugar en la vida. Jesús quiere que uno se case, que forme una familia; quiere que otro sea sacerdote, otra monja … Pero cada uno de nosotros tiene un camino en la vida. Y para la mayoría es que sean como vosotros, como todos los demás, como vuestros padres: fieles laicos que forman una hermosa familia, que hacen que crezcan sus hijos, que hacen que crezca la fe… Y yo estaba en una familia: éramos cinco hermanos, éramos felices. Papá trabajaba, venía del trabajo… —en aquella época había trabajo— y jugábamos … Una vez —os voy a contar algo que os hará reír, pero no hagáis lo que os digo— hicimos concurso para jugar a los paracaidistas, tomamos el paraguas y fuimos a la terraza y uno de mis hermanos se tiró el primero desde la terraza. ¡Se salvó la vida por un pelo! Son juegos peligrosos… Pero éramos felices. ¿Por qué? Porque mamá y papá nos ayudaban a seguir adelante, en la escuela, y también se preocupaban por nosotros. Es muy bonito, muy bonito … Escuchadme: en la vida es muy bonito estar casados, es muy bonito. Es muy bonito tener una familia, un padre y una madre, tener abuelos, tíos … ¿Lo habéis entendido? Es muy bonito, es una gracia. Y cada uno de vosotros tiene padres, abuelos, tíos, tiene una familia. Y ¿por qué no los saludamos ahora? Un aplauso a todos ellos, a todos ellos… [aplausos]. Vuestros padres se sacrifican por vosotros, para que crezcáis, y esto es muy bonito, es una hermosa vocación: formar una familia.

Pero también hay otra vocación: ser monja, ser sacerdote. Y un día sentí —pero de repente— tenía 16 años y sentí que el Señor quería que yo fuera un sacerdote. ¡Aquí estoy! Soy un sacerdote. Esta es la respuesta. Se siente en el corazón: cuando un chico siente en su corazón simpatía y luego la simpatía continúa, y siente amor por una chica y luego se hacen novios y luego se casan, así se siente en el corazón cuando el Señor dice: «Tienes que seguir el camino para ser sacerdote «. Y así lo sentí yo. Cómo se sienten las cosas buenas de la vida. Porque es bueno. ¿Lo entendéis?

Bueno, estáis cansados de estar aquí, el sol es fuerte …

Niños:
¡No!

Papa Francisco:
Ahora hay un poco de brisa, pero…

No me acuerdo: Al que no me quiere ¿tengo que darle una bofetada ?

Niños:
¡No!

Papa Francisco:
Ah! Se me había olvidado. Y ¿tengo que rezar por las personas que me odian?

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
Sí, sí, rezar por los que no me quieren, por ellos… tengo que rezar. Y ¿tengo que obedecer a mamá y papá?

Niños:
¡Sí!

Papa Francisco:
Yo ¿o mi vecino?

Niños:
¡Todos!

Papa Francisco:
¡Ah, todo el mundo! Que cada uno diga «yo».

Niños:
¡Yo!

Papa Francisco:
Debo obedecer a mamá y papá: ¡todos!

Niños:
Tengo que obedecer a mamá y papá.

Papa Francisco:
Es muy importante, porque se sacrifican por nosotros. ¿Entendido?

Niños:
Sí.

Papa Francisco:
Está muy bien. Y ahora, ¿qué hacemos? Vamos a rezar. En la primera pregunta hablamos de la oración. Ahora vamos a rezar unos por otros. Tomaos de las manos, todos. Como hermanos, como amigos. Tomaos de las manos, todos. Y recemos a la Virgen, que es nuestra Madre: Dios te salve, María,…

Y ahora os daré a todos la bendición. En silencio, cada uno de vosotros, pensad en los padres, familiares, amigos, pensad también en los enemigos, la gente que te odia o que no te ama. Y que esta bendición descienda sobretodos ellos.

[Bendición]

Gracias!


Encuentro con la comunidad del Camino Neocatecumenal

Párroco:
Santo Padre, bienvenido entre nosotros. Una breve presentación. Este encuentro que hacemos así brevemente, es con la realidad del Camino Neocatecumenal, que nació aquí, en esta parroquia, hace unos 30 años. Ha habido varias evangelizaciones: hay cinco comunidades, más dos comunidades en misión, que envió su predecesor, Benedicto XVI hace ocho años, y los mandó aquí a esta periferia de Roma para evangelizar a los que estaban lejos. Hay dos comunidades: una viene de Piazza Bologna o sea, hacen 50 kilómetros para venir aquí cada miércoles y sábado; y otra de San Leonardo del Murialdo: van todos los martes a las casas a visitar a las familias, a rezar con ellas, para darles una palabra, escuchar, y esto ha dado frutos abundantes. En nuestra parroquia muchos no frecuentan: Ve a tantas personas, ahora, hoy; pero lo que hoy ve creo que es el fruto de todo lo que han hecho en estos años, en primer lugar, mis predecesores y también de estas realidades de nuestra parroquia. Realmente estoy agradecido a Dios — yo también vengo del Redemptoris Mater, hice un seminario allí, antes fui itinerante—; ahora llevo 12 años en esta parroquia como párroco. Estoy contento. He tenido dificultades —muchas— pero también muchas alegrías. Hay que decir que estos hermanos han dado testimonio —no sólo ellos, también otros— de la fe, han dado su vida y fortalecido mi vocación. Cuando estaba en crisis, en estos años, ellos fueron los —me emociono— que me apoyaron , porque creo que yo no debería estar aquí. Así que doy gracias a Dios, estoy agradecido de ser sacerdote, de ser cura y servir a la Iglesia de Roma. Y la obediencia a Usted, como sucesor de Pedro, en primer lugar.

Papa Francisco:
Uno de vosotros me decía que si el Camino está en esta parroquia, es gracias a esta persona [el párroco]. Pero hay algo muy bonito: No dijo: «Si el camino o esta parroquia son fuertes, si tenemos tantos niños, si tenemos una comunidad así e incluso misioneros es porque hemos tenido sacerdotes misioneros, no». [Dijo] que habéis sido vosotros los misioneros. Porque la gracia de la misión viene del bautismo: El bautismo que nos da la fuerza para la misión, y los laicos, que son los bautizados, son los que tienen que ser misioneros. Después nosotros, los sacerdotes, las monjas, los obispos, todos. Pero los laicos deben ir hacia delante. Es lo que ha dicho el párroco: el hecho de visitar a las familias, de escucharlas … Esto no está en el derecho canónico, pero es muy importante: el »apostolado del oído». Escuchar. «Pero, Padre, se pierde mucho tiempo …». No, ¡se gana! Tu escucha; después en algún momento dirás una palabra y esa palabra germinará, será una semilla, crecerá. Pero [primero hay que] escuchar. Hoy las personas necesitan ser escuchadas. Todos hablan, hablamos de todo … Pero pensamos … Os cuento una experiencia personal — yo también puedo dar un testimonio personal; a vosotros os gustan los testimonios ¿verdad? —[Risas] — cuántas veces he oído gente que ha venido a pedirme consejo, y yo me he quedado callado, les he dejado hablar, hablar, hablar … y luego han dicho: «Sí, es cierto: Usted tiene razón «. ¡Yo no había hablado! Pero era el Espíritu Santo que tenían dentro, que había hablado, y habían encontrado el camino. Pero necesitaban un oído, y todos vosotros tenéis esta experiencia. Y si uno empieza a hablar, no hay que decir: «No, pero …». No expliquéis nada, hasta el momento en que el Espíritu te diga: «Habla.» Acordaos del apóstol Felipe: estaba bautizando, evangelizando y el Espíritu le dice: «Ve por ese camino …». Y allí encontró un carro en el que había un señor, ministro de economía de la reina de Etiopía. Pero era judío y leía al profeta Isaías. Y Felipe no dijo ninguna palabra; solamente, se puso al lado del carro; el ministro le miró y Felipe le preguntó: «Dime, ¿entiendes eso?». «¿Y cómo puedo entenderlo si nadie me lo explica?». Fue el otro el que preguntó.. Felipe estaba callado . El otro le hizo subir al carro y (Felipe) le explicó … Y cuando se encontraron con un poco de agua en el desierto (el otro) dijo … ¿Por qué no puedo ser bautizado?’. La escucha. Al principio escuchaban, y después decían una palabra. Pero si tu entras en una casa, llamas a la puerta te abren y dices: «Vengo a anunciar el Evangelio, la salvación de Cristo», te echarán y arruinarás la obra del Espíritu Santo. Escuchar. Después, mientras escuchas, la oración: «Señor, dame la palabra justa.» Esto en las visitas a las familias hace mucho bien: dejar caer la palabra correcta. Pero después del desahogo, después de que se hayan explicado bien . Y luego seguir adelante, en la comunidad, acercar a la gente, que se sientan bien … Así se hace la misión. Jesús, una de las imágenes más bellas que utiliza para la misión, es la del sembrador. Sembrar. Se lanza la semilla de la Palabra … Y en un pasaje del Evangelio dice: «Entonces el sembrador va a dormir y no sabe lo que pasa, pero es el Señor el que hace que crezca.» Siempre trabajar con el Señor, siempre. Por favor, no seáis proselitistas sino evangelizadores. Es feo ir a una familia para añadir un socio más a esta empresa eclesiástica: no es esto. El proselitismo no va. El Papa Benedicto dijo una frase que no debemos olvidar: «La Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción», es decir, por el testimonio, por el servicio. Sed servidores de todos, y así las cosas son hermosas

Después están los momentos de crisis —el párroco habló de los suyos, de los que ha tenido. Pero me gustaría preguntaros —¡no lo haré!– el que de vosotros no haya tenido crisis, que levante la mano. Todos hemos tenido una. Todos. Y siempre el Señor puso a nuestro lado a alguien que nos ha ayudado. Y cuando estás en crisis, déjate ayudar . Pide ayuda. No te encierres, pide ayuda. Pide la limosna de la gracia, y esta llega siempre a través de un hermano, de una hermana. Siempre. Porque el Evangelio es así. La predicación no la hacen los ángeles: los ángeles alaban a Dios y a nosotros nos custodian, pero  a quién le toca predicar? A nosotros. A todos nosotros. Y este es el camino.

Os doy las gracias por lo que hacéis. Sois valientes. Y también estas joyas que están aquí, vuestros hijos son una promesa para el futuro de la Iglesia. Haced que crezcan como buenos cristianos. Y me gusta como cantáis.  Antes de daros la bendición, podríais cantar una canción a la Virgen… Cuando entré, estabais cantando una… Si sabéis otra…

[canto]

Gracias. Ahora voy a dar la bendición

[bendición]

Por favor, rezad por mí: ¡no os olvidéis!


Encuentro con los pobres

Párroco:
Santo Padre, quisiera explicarle cómo surgió esta iniciativa. Nace como resultado de un congreso diocesano, cuyo tema era «La Eucaristía y el testimonio de la caridad». Después de la participación de nuestros colaboradores en este congreso, y del encuentro que tuvimos con usted, surgió en nuestra parroquia el deseo de hacer algo concreto. Aquí no había nada. Le hemos recibido donde los pobres comen. Desde hace un año, un sábado sí y uno no, cada 15 días, en colaboración con otras parroquias de nuestra prefectura. Nosotros lo hacemos el sábado, otra parroquia los domingos, para que podamos más o menos cubrir la semana. Ellos son el fruto; nuestras joyas, de alguna manera —como usted los llama—. Y estamos muy orgullosos de esto, pero no por quién sabe qué, sino porque tantas personas participan, incluso los que no vienen a la parroquia. Traen ofertas, traen comida… Nos valemos de nuestro «banco de alimentos» … Y luego, tenemos 50 familias a las que damos los víveres de nuestra parroquia. Usted ve que las situaciones son muy diferentes. En los últimos años se ha ido a peor: hemos tenido padres que han perdido sus puestos de trabajo y que tienen que mantener a su familia, o personas divorciadas que no pueden mantenerla… Han pasado tantas personas y cada uno de ellas ha dejado una bendición para todos nosotros. Y aquí están también los que colaboran, los que sirven: alrededor de 15 personas. Aquí tenemos la cocina: cocinamos aquí. La hice de manera ilegal, de lo contrario no hubiera podido hacerlo, ¿Qué podemos hacer si no? Es la burocracia … el enchufe hay que ponerlo aquí … Sí, ha salido bien, pero nos lanzamos a ello y los feligreses me animaron, y me alegro. Y se la ofrecemos a usted como un regalo.

Papa Francisco:
Gracias. El párroco ha pronunciado la palabra «joyas»: los necesitados, los más necesitados, en una parroquia, son las joyas de la parroquia. Aquí, en Roma, conocéis la tradición del diácono San Lorenzo: cuando en los primeros tiempos de las persecuciones, las autoridades para negociar le prometieron que salvarían la vida de todos los cristianos y le pidieron —porque él era el tesorero, el administrador— que les entregase todos los tesoros de la diócesis de Roma. El día en que debía entregarlos se presentó con todos los pobres de la ciudad. Los pobres son el tesoro de la Iglesia. Está muy mal, muchas veces se sufre, como dijo el párroco, cuando no hay comida o falta el trabajo o hay divorcios o muchas cosas… Y la Iglesia debe custodiar a los pobres, porque son su tesoro. Tesoro real, real, vivo. Es cierto, la Virgen es nuestro tesoro, pero está en el cielo, nos ayuda; Jesús en la Eucaristía, en el tabernáculo; y los pobres son el tesoro vivo de la Iglesia. Y cuando la Iglesia, o una iglesia o una parroquia o una comunidad, se olvidan de los pobres, yo diría que celebra mal la Eucaristía o no la celebra de verdad. La celebra, pero no entiende el tesoro de la Eucaristía si no es capaz de entender el tesoro de los pobres. Es cierto que la pobreza es una cruz, pero Jesús la ha vivido: era pobre, la vivió. Era pobre. Llevaba la vida de un pobre y entre los primeros cristianos, muchos eran pobres, pero tenían fe en Jesús y seguían a Jesús. Y por eso, porque los pobres son el tesoro de la Iglesia, Jesús también dice: «Tened cuidado, porque hay otro tesoro, las riquezas, demasiadas riquezas. Y arruinan el alma». Este es el Evangelio. No es para que den rabia las personas ricas, no. Es para rezar por ellas. Tenemos que rezar para que no se corrompan, para que las cosas puedan seguir adelante. Pero el diablo entra por los bolsillos, siempre, corrompe… El párroco decía que hizo la cocina como pudo porque la burocracia … La burocracia … Te dicen: «Sí, sí, tenemos que hacer esto, esto…» — «Pero es demasiado complicado, ¿no hay otra manera? «—» Sí … «[hace un gesto con las manos] La burocracia normalmente se disuelve con el soborno. Pero ¿veis? [indica el ambiente de la habitación], esta es una forma buena. Él [el párroco] la hizo como quiso, y no hubo problemas. Pero digo esto para que prestéis atención: es verdad, no tener lo necesario es una cruz muy fea. Es verdad. Pero sabed que los pobres son el tesoro de la Iglesia, y la Iglesia, los sacerdotes, los obispos, el Papa deben cuidar de los pobres, de los que descarta la sociedad. ¡Cuantos pierden hoy el trabajo! ¡Cuantas personas no pueden llevar el pan a casa! Y cuando un hombre o una mujer que deben llevar el pan a casa no tienen trabajo, se sienten sin dignidad porque el trabajo nos da dignidad. La Iglesia debe estar cerca de los pobres… Jesús no nació en el palacio de Herodes, nació en un pesebre. Y tenemos que saberlo. Y tenemos que rezar también por los ricos, por los ricos que tienen demasiado, que no saben qué hacer con el dinero y quieren más. Pobrecillos. Jesús nos cuenta, en el Evangelio, de aquel rico que daba banquetes y fiestas y en su puerta había un pobre que estaba con los perros, y comía lo que caía de la mesa del rico. Jesús nos lo cuenta. Pero no tenemos que odiar a los ricos, no, eso no es cristiano. Tenemos que rezar por ellos, para que usen bien la riqueza, porque la riqueza no es suya: Dios se la ha dado para que la administren. Y los ricos, los que no entienden este mensaje, se la meten en el bolsillo: esto es lo que está mal. Sin embargo, hay personas que tienen dinero y son generosas, ayudan, administran y llevan una vida austera, una vida sencilla, una vida de trabajo. ¡No hay que odiar, no, no! Rezad por esa gente rica que no entiende que su riqueza no es para ellos, sino para darla, para administrarla. Si ellos no la administran, la administra el diablo contra ellos.

Os bendigo. Os deseo que el Señor esté cerca de vosotros, que esté cerca de vuestros sufrimientos, que son muchos. Lo mejor que podéis hacer es rezar por aquellos que pueden resolver vuestra situación y por egoísmo o por inconsciencia no saben o no quieren hacerlo.

[Bendición]

¡Y vosotros, rezad por mí!


Homilía del Santo Padre

Hemos escuchado cómo Jesús se despide de los suyos en la Última Cena, y les pide que guarden los mandamientos y les promete que les enviará el Espíritu Santo: «Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Paráclito —»Paráclito» significa «abogado»—, otro abogado, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la Verdad» (Jn 14,16-17). Y el Espíritu Santo está en nosotros —en cada uno de nosotros— y lo hemos recibido en el bautismo: lo hemos recibido de Jesús y del Padre. En otra parte del [Nuevo Testamento], el Apóstol nos dice que debemos custodiar el Espíritu Santo, y dice más: «Y no contristéis al Espíritu Santo» (cf. Ef 4:30), como si [dijera], «sed conscientes de que tenéis dentro a Dios mismo, el Dios que te acompaña, que te dice qué hacer y cómo hacerlo; El que te ayuda a evitar errores, el que te ayuda a no caer en la tentación; el Abogado: el que te defiende del maligno». Y este Espíritu es el que Pedro, en la segunda lectura, dice que nos ayudará a «adorar a Cristo en nuestros corazones» (cf. 1 P 3,15). ¿Cómo? Con la oración de adoración y dejando que emerja sólo la inspiración del Espíritu Santo. Él es quien nos dice: “Esto es bueno, esto no es bueno, este es el camino equivocado, este es el camino correcto”… Nos hace avanzar. Y cuando la gente nos pide explicaciones acerca de por qué los cristianos somos así, Pedro dice: «Estad preparados para responder a cualquier persona que os pregunte por qué sois así» (cf. 1 P 3,15). Y esto, ¿cómo se tiene que hacer? Pedro continúa: «Pero, hacerlo con dulzura y respeto» (v. 15). Y aquí quiero detenerme.

El lenguaje de los cristianos que custodian al Espíritu Santo, que nos ha sido dado como un don, de los que saben que tienen el Espíritu que les explica [la verdad], este lenguaje es un lenguaje especial. No deben hablar en latín, no, no. Es otro lenguaje. Es el lenguaje de la dulzura y el respeto. Y esto puede ayudarnos a pensar en cómo es nuestra actitud cristiana. ¿Es una actitud de dulzura, o de ira? ¿O es amarga ? Es tan triste ver a esas personas que se llaman cristianas, pero están llenas de amargura… Con dulzura. El lenguaje del Espíritu Santo es dulce, y la Iglesia lo llama el «dulce huésped del alma», porque Él es dulce y nos da dulzura. Y respeto. Siempre respeta a los demás. Nos enseña a respetar a los demás. Y el diablo, que sabe cómo debilitarnos en el servicio de Dios, y también cómo debilitarnos en esta custodia del Espíritu Santo dentro de nosotros, hará de todo para que nuestro lenguaje no sea el de la dulzura y no sea el del respeto. Incluso dentro de la comunidad cristiana.

Hoy dije, en el Angelus [Regina Caeli], y quisiera repetirlo: ¿Cuánta gente se acerca a una parroquia, por ejemplo, buscando esta paz, este respeto, esta dulzura y encuentra luchas internas entre los fieles?. En lugar de dulzura y respeto, se encuentra con las habladurías, la maledicencia, las competiciones, los unos contra los otros … Encuentra esa atmósfera no de incienso, sino de chismes … Y entonces, ¿qué es lo que dice? «Si estos son cristianos, prefiero seguir siendo pagano”. Y se va, decepcionado. Porque estos no saben custodiar el Espíritu, y con este «lenguaje» para ser vistos por ambición, por envidia, por celos, tantas cosas que nos dividen entre nosotros, alejamos a la gente. Nosotros somos los que la alejamos. Y no dejamos que el trabajo que hace el Espíritu, para atraer a la gente, continúe. A mí me gusta siempre reiterar este tema porque os digo —¡con toda claridad!— que este es el pecado más común de nuestras comunidades cristianas.

Cuando incensaba a la Virgen, bajé un poco la mirada y vi a la serpiente, la serpiente que la Virgen aplasta, la serpiente con la boca abierta y la lengua fuera. Os sentará bien ver cómo es una comunidad cristiana que no custodia el Espíritu Santo con dulzura y con respeto: es como la serpiente con una lengua así de larga, … Un párroco me dijo una vez, hablando de este tema: «En mi parroquia hay algunos que pueden tomar la comunión desde la puerta: con la lengua que tienen llegan al altar». Algunos de vosotros podría decir: “Pero Padre, ¡usted siempre con el mismo tema!” … ¡Pero es verdad! ¡Esto nos destruye! Y nosotros tenemos que custodiar el Espíritu Santo … y no las cosas que la serpiente — el diablo – nos enseña.

Perdonadme si siempre vuelvo a esto, pero creo que sea este el enemigo que destruye nuestras comunidades: las habladurías. Tal vez nos sentará bien, no hoy —algunos hoy, algunos otro día— cuando vayáis a saludar a la Virgen, mirar un poco hacia abajo y ver esa lengua [la serpiente] y decir a la Virgen: «Virgen, sálvame: No quiero ser así. Quiero custodiar el Espíritu Santo como tu lo has custodiado». Ella custodió el Espíritu, que luego vino y la hizo madre del Hijo de Dios

Hermanas y hermanos, en serio: Hace que me duela el corazón; es como si entre nosotros nos tirásemos piedras unos contra otros. Y el diablo se divierte: ¡Esto es un carnaval para el diablo! Pidamos esta gracia: custodiar el Espíritu Santo dentro de nosotros. No entristecerlo, como dice el Apóstol Pablo. No entristecerlo. Y que nuestra actitud frente a todos —los cristianos y los no cristianos— sea una actitud de dulzura y de respeto, porque el Espíritu Santo trabaja con nosotros, así: con dulzura y respeto.