Gruta en Farlete

Descubriendo a Charles de Foucauld en las Grutas de Farlete

“Allí he pasado tres días en una gruta, la gruta de San Caprasio, solo, sin  comer, estudiando a Charles de Foucauld, que me daba una forma de vivir en la  presencia del Señor”.

Kiko, en la Convivencia de Inicio de Curso del 2016-17

Grutas de Farlete

Antes de emprender un viaje a través de Europa y para prepararlo, el  padre Aguilar quiso llevar a Kiko al desierto de Los Monegros, en Farlete  (provincia de Zaragoza), donde se encontraban los Pequeños Hermanos de  Charles de Foucauld. Aquí Kiko pudo conocer al padre R. Voillaume,  fundador de los Pequeños Hermanos y leyó la vida de Charles de Foucauld,  quedando fascinado, sobre todo, del descubrimiento de la vida oculta de Jesús y  de la Familia de Nazaret.


A un teólogo dominico la Fundación Juan March le había concedido una  subvención para buscar puntos de contacto entre el arte protestante y el arte  católico, con vistas al Concilio Vaticano II. Yo fui invitado a ir con él […] Antes de iniciar el viaje, como el teólogo dominico conocía a los  Hermanitos de Foucauld me dijo: “Kiko, antes de emprender este viaje, que  será muy cansado, porque tenemos que recorrer muchas naciones, quisiera  invitarte a ir al desierto de Los Monegros, a Farlete, en la provincia de  Zaragoza” […]. Fuimos y estuvimos una semana de  retiro, preparándonos para el viaje. En aquel desierto, que es bellísimo y tiene  varias grutas[…]. Me acuerdo que estuve allí tres días en la “Cueva de San Caprasio”,  ayudando. Allí conocí la vida de Charles de Foucauld. Hablé con el padre Voillaume y quedé muy impresionado de la vida oculta de la Familia de Nazaret  y del gran amor de Charles de Foucauld a la presencia real de Cristo. En  Tamanrasset (Argelia) se pasaba horas solo ante el Santísimo Sacramento.

K. Argüello, El Kerigma. En las chabolas con los pobres, Madrid:  2012, p. 29-30
Gruta de Farlete

Cuando Kiko fue a las barracas de Palomeras Altas, fue siguiendo las huellas de Charles de Foucauld en la vida oculta de Cristo, sin ningún programa de asistencia social. Cuenta Kiko: “No fui allí para enseñar a leer y escribir a aquella gente, ni para hacer asistencia social y ni siquiera para predicar el Evangelio. Me fui allí para ponerme al lado de Jesucristo. Charles De Foucauld me había dado la fórmula para vivir en medio de los pobres como un pobre, silenciosamente. Este hombre supo vivir una presencia silenciosa de testimonio entre los pobres. Tenía como ideal la vida oculta que Jesús vivió treinta años en Nazaret, sin decir nada, en medio de los hombres. Ésta era la espiritualidad de Charles de Foucauld: vivir en silencio entre los pobres. Foucauld me dio la fórmula para realizar mi ideal monástico: vivir como pobre entre los pobres, compartiendo su casa, su trabajo y su vida, sin pedir nada a nadie y sin hacer ninguna cosa especial. Jamás pensé montar una escuela o un dispensario o algo por el estilo. Sólo quería estar entre ellos compartiendo su realidad”.

Barracas en Palomeras Altas, Madrid. a.1964

El hermano Charles pasaba largas horas de oración contemplativa ante el tabernáculo y tenía un sueño:

“Creo que es mi deber por adquirir el probable lugar del Monte de las bienaventuranzas, para asegurar su propiedad a la Iglesia, cediéndola después a los Franciscanos, y también el de esforzarme por construir un altar donde, perpetuamente, se celebre la misa cada día y esté presente Nuestro Señor en el Tabernáculo…”

El sueño del Beato Charles de Foucauld se hizo realidad en 2008, cuando en el Centro Internacional Domus Galilaeae, situado en el Monte de las Bienaventuranzas (Korazim – Galilea), se inauguró una capilla con la presencia constante de la Santa Eucaristía, día y noche, para la adoración perpetua del Santísimo en este lugar. Lugar que se refleja en el Lago de Galilea y que fue embellecido por la predicación del Sermón de la Montaña del Señor, por el sueño de Charles de Foucauld y también por una arquitectura original, obra genial de Kiko Argüello.

Capilla de adoración del Santísimo en la Domus Galilaeae – Korazim, Israel

Padre mío,
me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Cualquier cosa que hagas de mí, te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo.
Que tu voluntad se cumpla en mí,
en todas tus criaturas.
No deseo otra cosa, Dios mío.
Pongo mi alma en tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque Te amo,
y necesidad de este amor es el donarme,
el ponerme en tus manos sin reservas,
con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.
Charles de Foucauld. Oración del abandono. K. Argüello, Anotaciones, Madrid: 2016, Anotación 410 p. 209.
Charles de Foucauld

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