La historia de la relación entre San Juan Pablo II y el Camino Neocatecumenal, con Kiko, Carmen y padre Mario, ha sido increíble. Algo grande: por una parte él ha intuido con espíritu profético el don que el Camino era para la Iglesia y por la otra, por parte de los iniciadores del Camino ha habido una correspondencia hecha de confianza y de implicación en la misión de la Iglesia.

Con toda la razón Kiko ha manifestado: «En Juan Pablo II he encontrado un gigante: siempre nos ha dado el doble de lo que le habíamos pedido o esperábamos de él, siempre ha ido más allá: algo que te hacía sentir pequeño. Ha aprobado el Camino con una Carta sorprendente a Mons. Josef Cordes, encargado por él de seguir el apostolado del Camino, que decía: “…Deseo que los hermanos en el Episcopado valoren y ayuden -junto con sus presbíteros- esta obra para la nueva evangelización, para que se realice según las líneas propuestas por los iniciadores…”; era más de lo que nosotros podíamos imaginar. Ha tenido el coraje de aprobar la Fundación del Seminario Redemptoris Mater de Roma, contra mil dificultades y controversias».

Kiko recuerda el primer encuentro con el Papa Juan Pablo II, al final de la Eucaristía en la capilla de Castel Gandolfo: «…al final de la Misa nos ha dicho que durante la celebración, y pensando en nosotros, había visto delante de sí: “Ateísmo, Bautismo, Catecumenado”. Y eso nos sorprendió porque había puesto la palabra Catecumenado después del Bautismo, algo insólito y totalmente nuevo, especialmente después de las tribulaciones que nosotros habíamos tenido precisamente por hablar de Catecumenado después del bautismo».

Después de la Misa le he preguntado si me podía recibir solo y me ha cogido por el brazo y me ha llevado a una habitación donde nos hemos sentado, uno frente al otro. Yo, lleno de miedo, le he contado la aparición recibida de la Santa Virgen María: “Hay que hacer comunidades como la Sagrada Familia de Nazaret que vivan en humildad, sencillez y alabanza; el otro es Cristo”. Se lo contaba, aunque con el temor de que me considerara un “visionario”, para preguntarle: “Estas comunidades, Padre ¿qué son?” Teníamos, de hecho, el problema de nuestra identidad en las parroquias: ¿un movimiento? ¿una asociación laical? ¿qué somos? ¿qué somos en la Iglesia? Y él, para mi sorpresa, me dijo: “Son la Iglesia”».

Una atención especial la ha tenido siempre el Papa con Carmen, una gran admiración, reconociendo la importancia que ella tenía para el Camino, sobre todo por su “genio femenino” y por su gran amor al Concilio y a la Iglesia. Kiko recuerda siempre una anécdota: «Cuando, como consultor del Pontificio Consejo para los Laicos, después de una plenaria, hemos pasado uno a uno delante del Santo Padre, para saludarlo, y ya él estaba muy enfermo: no sabíamos si oía o no, estaba sentado con la cabeza inclinada y los ojos cerrados. Cuando he llegado delante de él, el cardenal Rylko, que estaba a su lado le ha dicho al oído: “Es Kiko”. En esto, el Papa ha levantado la cabeza, ha abierto los ojos y con voz fuerte ha dicho: “¡Y Carmen! ¿Dónde está Carmen?”. Y todos los presentes han dado un gran aplauso».

«Fundamentalmente podemos decir -continúa Kiko- que San Juan Pablo II era “un hombre”, sin ningún tipo de clericalismo, sin sospecha, siempre afable. Un hombre ¿digo? “Un amigo”. Y mejor aún: “un profeta”: en el VI Simposio de los Obispos Europeos, del 11 de octubre de 1985, hizo un análisis muy profundo sobre la situación de secularización de Europa, del relativismo social, de la destrucción de la familia, de la falta de vocaciones, etc. Frente a este análisis, que a primera vista parecía catastrófico, ha comenzado diciendo a los Obispos que el Espíritu Santo había respondido ya a esta situación. Para encontrar “síntomas de este soplo del Espíritu”, ha dicho, “es necesario dejar esquemas atrofiados” e ir donde se vea el Espíritu Santo actuando, donde las familias sean de nuevo reconstruidas, donde retornen las vocaciones, donde haya un verdadero crecimiento de la fe… Y ha concluido afirmando que la Iglesia debe volver al Cenáculo, para recibir al Espíritu Santo que ayude en la Nueva Evangelización y por eso es necesario “volver a inspirarse en el primerísimo modelo apostólico”. ¿Quiere decir quizás que la Iglesia debe volver a reunirse en las casas, como dice, por ejemplo, la Carta a los Colosenses, donde San Pablo dice de saludar a Ninfas y a la Iglesia que se reúne en su casa…?».

Ya como arzobispo de Cracovia había conocido y acogido al Camino Neocatecumenal, pero ha sido sobre todo durante su largo pontificado donde él ha entrado profundamente en contacto con este «don de Dios para su Iglesia» [1].

El Papa Juan Pablo II empezó a visitar las parroquias de la diócesis de Roma y a encontrar allí la realidad del Camino. Va conociendo así de forma directa qué es el Camino, el bien que está haciendo en las parroquias, cómo está haciendo volver a tantos alejados a la Iglesia, a la alegría del Bautismo, a la belleza de la vida: ve las comunidades llenas de matrimonios que se abren sin miedo a la vida, llena de jóvenes y de su corazón de padre nacen palabras de ánimo, de gozo, de alegría…, Él mismo pide que se haga algún canto particular del Camino, canto que ha aprendido a conocer a través de sus numerosos viajes en los cinco continentes.

Visitando las comunidades, al final de la visita pastoral a la parroquia de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento y Santos Mártires Canadienses de Roma, habló de la “confrontación radical” presente hoy en la sociedad y que por esto “tenemos necesidad de una fe radical”:

Nosotros, queridísimos, vivimos en un período en el que se siente, se experimenta un enfrentamiento radical -y yo esto lo digo porque ésta es también mi experiencia de muchos años- un enfrentamiento radical que se impone en todas partes. No existe una única edición, existen muchas en el mundo: fe y anti-fe, Evangelio y anti-Evangelio, Iglesia, y anti-Iglesia, Dios y anti-Dios, si podemos hablar así… Así pues, nosotros vivimos esta experiencia histórica, y ahora mucho más que en las épocas anteriores.
En esta época nuestra tenemos necesidad de redescubrir una fe radical, radicalmente comprendida, radicalmente vivida y radicalmente realizada. Necesitamos una fe así. Espero que vuestra experiencia haya nacido en esta perspectiva y pueda guiar hacia una sana radicalización de nuestro cristianismo, de nuestra fe, hacia un auténtico, radicalismo evangélico… [2].

Algunos años más tarde, en la parroquia de Santa María Goretti de Roma, dirá:

Yo veo así la génesis del neocatecumenado, de vuestro Camino: uno -no sé si Kiko u otros- se preguntó: ¿de dónde venía la fuerza de la Iglesia primitiva? y ¿de dónde viene la debilidad de la Iglesia de hoy mucho más numerosa? Yo creo que encontró la respuesta en el catecumenado, en este Camino. Esto es lo que siento viviendo con vosotros algunos momentos.

Os deseo que continuéis en este Camino, que sigáis viviendo todas las exigencias que provienen del mismo, porque no es un camino breve; si se piensa en el catecumenado misionero a veces parece duro ¡cuatro años! Vosotros sois más exigentes: ¡el vuestro dura siete años o más! Os deseo, pues, que continuéis siendo siempre exigentes en vuestro camino y sobre todo que continuéis produciendo todos estos frutos, porque en vosotros, en vuestras comunidades se ve, verdaderamente, cómo del Bautismo provienen todos los frutos del Espíritu Santo, todos los carismas del Espíritu Santo, todas las vocaciones, toda la autenticidad de la vida cristiana en el matrimonio, en el sacerdocio, las diversas profesiones, finalmente, en el mundo [3].

He aquí el Neocatecumenado como una realidad temporal que quiere decir una comunidad que vuelve a encontrar en la parroquia la novedad de la vida cristiana, su frescura, su originalidad, porque esto es la vida en su sentido pleno, la vida divina. Esta es la vida que se nos proyecta por toda la eternidad, no solamente la vida de estos años aquí sobre la tierra. Vida con Dios, vida como hijos de Dios, animados del Hijo Unigénito de Dios que es el Verbo, la Palabra encarnada y nacida de María Virgen: Jesucristo [4].

Y en la iniciación cristiana se encuentra la dimensión comunitaria que el Santo Padre subraya a menudo:

Y todo esto lo explicáis con vuestra comunidad, con vuestra comunión fraterna y con vuestra alegría, también con vuestro canto, y ciertamente con la oración… [5].

El grupo, o mejor, la comunidad, se constituye siempre desde dentro, interiormente, porque es interiormente donde toca el Espíritu Santo; toca aquello que cada uno de nosotros es, su intimidad personal, su intimidad espiritual, pero no nos toca a ninguno de nosotros separadamente, individualmente, porque nos ha creado para ser comunidad, para vivir en la comunión; nos toca a cada uno de nosotros para reconstruirnos en la comunión, y así se explican también todas estas comunidades en la comunión cristiana, como la vuestra, como todas las vuestras porque son cinco comunidades [6].

Vosotros además [descubrís lo que es el Bautismo] lo hacéis en comunidad, lo vivís en comunidad. No es un proceso solitario, es un proceso comunitario, un camino juntos. Vivís con la alegría de redescubrir el Bautismo, su verdadero significado juntos [7].

En la parroquia de San Félix de Cantalice (Roma) el Papa subraya el don de los hijos en las comunidades del Camino:

Se dice que los neocatecúmenos tienen familias numerosas, ¡tienen tantos hijos!: esta es una prueba de la fe, de la fe en Dios. Para dar vida al hombre hace falta la fe en Dios. Si hoy vivimos esta gran crisis así llamada, demográfica, crisis de la familia, crisis de la paternidad, crisis de la maternidad es justo una consecuencia de la falta de fe en Dios. No se puede mejorar este problema si no es con una profunda fe en Dios. Se requiere una gran fe en Dios para dar la vida al hombre [8].

Y en la parroquia de Santa María Goretti (Roma) añade:

¿Cómo se explica la antinatalidad, es más, la mentalidad antinatalista de las comunidades, de las naciones, de los grupos y de los ambientes políticos? Todo esto se explica por la falta de fe que hay en el hombre. Esta falta de fe del hombre viene de la falta de fe en Dios; el hombre tiene su dimensión, su principio; este principio está en Dios mismo porque él ha sido creado a su imagen y semejanza y esto nos explica quién es el hombre, cómo puede vivir y cómo puede morir. Hace falta valor para vivir en este mundo y yo veo en este encuentro con estas familias y con estos itinerantes un signo del coraje cristiano [9].

Como conclusión de esta breve presentación del informe entre San Juan Pablo II y el Camino Neocatecumenal, y como sello de un camino eclesial lleno de frutos y de bendiciones celestes, nos parece obligatorio recordar sus palabras consoladoras al final del ‘iter’ de preparación y aprobación del Estatuto, en Castel Gandolfo en 2002:

¡Cómo no dar gracias al Señor por los frutos producidos por el Camino Neocatecumenal en sus más de treinta años de existencia! En una sociedad secularizada como la nuestra, donde reina la indiferencia religiosa y muchas personas viven como si Dios no existiera, son numerosos los que necesitan redescubrir los sacramentos de la iniciación cristiana, especialmente el Bautismo. El Camino es, sin duda alguna, una de las respuestas providenciales a esta necesidad urgente.

Contemplamos vuestras comunidades: ¡Cuántos redescubrimientos de la belleza y de la grandeza de la vocación bautismal recibida! ¡Cuánta generosidad y celo en el anuncio del Evangelio de Jesucristo, en particular a los más alejados! ¡Cuántas vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa surgidas gracias a este itinerario de formación cristiana! [10]

[1] Benedicto XVI, Discurso a los miembros del Camino Neocatecumenal, 17 enero 2011.
[2] L’Osservatore Romano, 3-4 noviembre 1980.
[3] L’Osservatore Romano, 1-2 febrero 1988.
[4] Visita del Papa Juan Pablo II a la parroquia de Santa Ana en Casal Morena (Roma), en L’Osservatore Romano, 3-4 diciembre 1984.
[5] Visita del Papa Juan Pablo II a la parroquia de San Antonio en Plaza Asti (Roma), en L’Osservatore Romano, 7-8 mayo 1979.
[6] Visita del Papa Juan Pablo II a la parroquia de S. Lucas Evangelista (Roma), en L’Osservatore Romano, 5-6 noviembre 1979.
[7] Visita del Papa Juan Pablo II a la parroquia de S. Juan Evangelista en Spinaceto (Roma), en L’Osservatore Romano, 19-20 noviembre 1979.
[8] Cf. L’Osservatore Romano, 5-6 mayo 1986, integrando lo grabado durante su intervención.
[9] L’Osservatore Romano, 1-2 febrero, 1988.
[10] Discurso del Santo Padre a los iniciadores del Camino, a los Catequistas itinerantes y a los presbíteros del Camino Neocatecumenal, (Castel Gandolfo, 21 septiembre 2002), en L’Osservatore Romano, 22 septiembre 2002.