Junto a los Iniciadores en la Catedral de Madrid

En el sugestivo marco de la Catedral de La Almudena de Madrid, embellecida por los iconos de Kiko Argūello, que en la composición bizantina de los cuadros y en la modernidad de sus colores, refleja la maravilla —ese algo divino que toda catedral suscita—, se ha celebrado el 60.º aniversario de los inicios del Camino Neocatecumenal aquí, en Madrid, donde hace ya 60 años, en uno de sus barrios periféricos, el de Palomeras Altas, nació y dio sus primeros pasos.

La celebración fue presidida por el Card. José Cobo, Arzobispo de Madrid, acompañado por el Card. Antonio María Rouco, emérito de la misma diócesis, y de otros siete obispos de diócesis españolas (Alcalá, Getafe, Vitoria, el Ordinario Militar de España y los obispos eméritos de Alcalá y El Callao). La celebración contó también con más de 130 presbíteros y muchos catequistas itinerantes, llegados de los cinco continentes para celebrar el evento, en presencia de miles de hermanos del Camino pertenecientes a las comunidades de las diócesis más cercanas —no habría sido posible invitar a otros por problemas de capacidad— que llenaban la catedral y todos los espacios a su alrededor ante grandes pantallas que permitieron participar en el acto.

El saludo cordial del Papa León, firmado por el secretario de Estado, el Card. Pietro Parolin, leído al final de la celebración, recoge y sella su significado más profundo, implicando al Camino en la misión de la Iglesia: “Es necesario recordar que la misión evangelizadora es tarea fundamental de toda la Iglesia que, con alegría y humildad, buscando la unidad de todos sus miembros (cf. LG 7), y dócil a la acción del Espíritu Santo, se esfuerza por llevar a todos el don de la salvación. Que esta convicción sea una motivación para asumir el compromiso misionero en favor de los amados hijos de Dios. Con estos sentimientos, el Papa León XIV, mientras los acompaña con la oración e implora la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de Dios” imparte a todos su bendición apostólica.

En la monición ambiental, Kiko Argūello, que junto con la Sierva de Dios, Carmen Hernández, ha sido el instrumento precioso del que Dios se ha servido para llevar a cabo esta grandiosa obra de Iniciación Cristiana que es el Camino Neocatecumenal —presente hoy en 138 países del mundo, con más de 20.300 comunidades—, recorrió brevemente los inicios de este camino entre los chabolistas de Palomeras Altas, donde el Señor lo llevó para encontrarse con él a finales de noviembre de 1964. «Dejé la pintura por el Señor —afirmó— y Él me recompensó como nunca podría haber imaginado: recibir la invitación a pintar el ábside de la Catedral de La Almudena. Por eso estoy contento de celebrar esta eucaristía aquí, en la catedral».

Kiko ha recordado después con alegría que el 2 de junio se concluye la fase diocesana del proceso de canonización de Carmen, la mujer que Dios le puso a su lado desde los comienzos, para que con su preparación espiritual y teológica lo sostuviera y lo ayudara en la construcción de un itinerario catecumenal, adecuado para el mundo y la Iglesia de hoy. Con la bendición del entonces Arzobispo de Madrid, Mons. Casimiro Morcillo, que se desplazó personalmente a Palomeras Altas para detener el derribo de las barracas decidida por el gobierno, que vio la obra que el Señor estaba realizando entre esos pobres, y la invitación de este a llevarla a otras parroquias, el inicio del Camino recibió su consagración, para llevar a cabo la revelación que la Virgen Santa hizo a Kiko: “Hay que hacer comunidades cristianas como la Sagrada Familia de Nazaret, que vivan en humildad, sencillez y alabanza. El otro es Cristo”.

Recordó también con emoción el encuentro con el Papa Pablo VI en Roma cuando, después de una audiencia general, le dijo: «Sé humilde y fiel a la Iglesia y la Iglesia te será fiel». Esta conmovedora monición de Kiko fue interrumpida frecuentemente por los aplausos de la asamblea.

Lo más impresionante de toda la celebración fue la participación de los presentes, que, sobre todo en los momentos del canto —cantos compuestos por el mismo Kiko— explotó de júbilo, literalmente, y se elevó entre las bóvedas de la Catedral, con una plenitud y una fuerza que solo una verdadera asamblea puede expresar. Fue verdaderamente conmovedor constatar cómo el Camino de iniciación cristiana y de educación permanente en la fe, que todos esos hermanos están realizando, se convirtió en un canto de verdadera comunión eclesial y de bendición al Señor. Solo una asamblea adulta puede expresar esa exultación de gratitud al Señor en la Iglesia.

También el Card. José Cobo recordó con gratitud en su homilía los comienzos madrileños del Camino Neocatecumenal, entre las chabolas de Palomeras Altas. “Esa pequeña semilla, al final del Concilio, fue acogida y tuvo el discernimiento de Mons. Casimiro Morcillo, que en ella reconoció una llamada del Espíritu para la evangelización de toda la Iglesia. Después de 60 años estamos aquí para dar gracias por la fidelidad de Dios que sigue suscitando nuevos caminos para anunciar el Evangelio y llama a la Iglesia a afrontar los desafíos de cada tiempo, partiendo de la Palabra de Dios, de la vida litúrgica y de la comunidad”. El Camino, afirmó, está llamado también hoy a estar a la escucha del Espíritu y a dar pasos creativos para mantenerse a la altura de los tiempos, hoy tan diferentes, en un servicio cada vez más eclesial. En efecto, como recuerda también el Catecismo, los carismas son constitutivos de la naturaleza de la Iglesia y son derramados por el Espíritu Santo para el bien común de toda la Iglesia.

Antes de la bendición final, junto con el breve pero denso saludo del Papa León, citado anteriormente, se leyó también el mensaje del Card. Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio “Laicos, familia y vida”:

“Con motivo de la solemne celebración eucarística que os reúne en la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena, en Madrid, para dar gracias al Señor en el 60° aniversario del inicio del Camino Neocatecumenal, deseo hacer llegar a todos mi más cordial saludo y mis sentimientos de cercanía en la oración.»

El Prefecto del Dicasterio que, en nombre de la Santa Sede, aprobó los Estatutos del Camino, recordó como España ha regalado a la Iglesia «ejemplos luminosos de vida cristiana y de renovación espiritual, a través de santos, mártires, iniciativas de evangelización, escuelas de oración, movimientos eclesiales y corrientes espirituales. Entre los cuales se puede incluir, sin duda, el Camino Neocatecumenal, nacido del fecundo encuentro entre sus dos iniciadores, Kiko Argüello y Carmen Hernández Barrera y los pobres de los barrios más humildes de Madrid«.

El Card. Farrell citó los diferentes frutos nacidos de estos “humildes comienzos”: “el acercarse de muchas personas a la fe y a la Iglesia, innumerables conversiones, el nacimiento de familias cristianas, vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, y la actividad misionera en numerosos países del mundo”. Afirmó: “Se puede decir que ‘del árbol’ de la iniciación cristiana, redescubierta y puesta en práctica retomando la antigua tradición eclesial del catecumenado, han nacido también muchas otras ‘ramas’ que han hecho y que siguen haciendo mucho bien a la Iglesia: los catequistas itinerantes, los seminarios diocesanos misioneros, las familias misioneras, las nuevas parroquias fundadas en territorios de misión, la actividad evangelizadora de las ‘missio ad gentes’, los itinerarios de formación y acompañamiento de los adolescentes, después de la confirmación, y de los jóvenes con la práctica de la lectio divina mensual y las peregrinaciones anuales de verano».

El cardenal concluyó afirmando que todos estos dones deben ser custodiados y cultivados por todos los hermanos de las Comunidades del Camino para el bien de la Iglesia, en un mundo que ha experimentado una profunda transformación respecto a los años post-conciliares, llevando “el tesoro siempre actual de la fe y de la tradición eclesial, como lo hicieron los iniciadores del Camino hace 60 años. Imitad su ejemplo de creatividad, audacia y franqueza, de obediencia filial a los pastores de la Iglesia y de celo incansable por el bien y la salvación de las almas».

La gratitud, la fiesta y la alegría eran visibles en el rostro de todos los presentes al final de la celebración: jóvenes y ancianos, familias enteras, acompañados por numerosos hijos incluso los más pequeños. Una exultación en torno a los iniciadores de esta “aventura eclesial” que hoy se extiende hasta los confines del mundo. Kiko, muy contento y agradecido por este acontecimiento y Carmen, presente también durante toda la celebración, en el recuerdo agradecido de Kiko, del Padre Mario, de Ascensión y del mismo Card. Cobo que, en la homilía, recordó cómo dentro de dos días la diócesis de Madrid declarará concluida la fase del proceso de canonización de Carmen Hernández, pasando todos los actos al Dicasterio romano competente para continuar y terminar, se espera pronto, su camino.

Ezechiele Pasotti
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